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La mujer rural: actora y autora del desarrollo de Honduras en el marco de la crisis COVID-19

 

Por Mayra Falck
Presidenta del Banco Hondureño para Producción y la Vivienda (Banhprovi)

Decidí escribir este artículo porque pienso que “cuando las prioridades están claras, las decisiones se hacen más fáciles” y, en el Día Internacional de la Mujer Rural, considerando el contexto actual de crisis COVID-19 y la reactivación de la economía de Honduras, debemos saber cuáles son los ingredientes que deben potenciarse para lograr que la mujer rural pueda cumplir de mejor manera su rol como actora y autora de la economía.

Sobre todo, con un énfasis en el territorio, pues ese es el espacio natural donde ellas ejercen su actividad económica, enfatizando la cuestión de las políticas públicas que permiten potenciar ese rol. Transitar hacia el tema actualidad: “la crisis” es clave, aunque muchos abordan la perspectiva económica, no todos entendemos su complejidad e impacto en las mujeres rurales. Las crisis normalmente afectan más a las mujeres. Por otro lado, la literatura y los posicionamientos internacionales nos indican que las mujeres en puestos de decisión deben cumplir el doble rol de ser buenas en lo que hacen y posicionar los temas que son claves para que sigamos avanzando.

En primer lugar, es importante hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo la crisis potencia o limita el rol de la mujer rural? Se deben analizar “cuáles mecanismos de transmisión de la crisis, en positivo y en negativo, afectan a la mujer rural que produce bienes y servicios”. En segundo lugar, ¿cómo afectará la crisis a las mujeres rurales? En tercer lugar y, con una dosis de atrevimiento, me referiré a algunos elementos centrales para impulsar los aportes de las mujeres rurales en el marco de la crisis actual.

El análisis de la capacidad productiva y de pago de las mujeres rurales está asociado a la posibilidad que tengan de acceder a activos productivos, es por ello que el otorgamiento de los préstamos para potenciar la producción dirigidos a las mujeres rurales debe posicionarse en las políticas públicas y en el sector financiero mediante inclusión financiera. Lo que significa que se hace necesario lograr que las mujeres rurales accedan a los créditos, el empleo al que pueden aspirar y todos aquellos aspectos que permiten hacer más dinámico su rol en el desarrollo, para que aspiren a condiciones de “bienser” a lo largo de la vida, que es diferente que el “bienestar”, cuya acepción y condición están sumamente asociadas al corto plazo.

Para efectos de este análisis, es necesario que economistas y analistas de género entiendan el concepto del funcionamiento de las unidades sociales integrales de producción, consumo, cuidado y afecto, que organizan las mujeres rurales, a ellas esta lógica les permite construir sus medios de vida para lograr acceder a activos y garantizar condiciones “socialmente aceptables” mediante esquemas que se derivan de políticas públicas como Vida Mejor, CREDIMUJER, Ciudad Mujer y el acceso a financiamiento. Pero también al trabajo tesonero que desarrollan organizaciones de desarrollo, empresas que articulan cadenas de valor y otros actores de la economía. Pues lo público asociado a los mecanismos que implementan los actores de la sociedad permiten lograr que lo que actualmente se llama “sector ciudadano” se asocie con los gobiernos para lograr los impactos esperados.

La Comisión Interamericana de las Mujeres de la OEA plantea: “Globalmente, las mujeres son más pobres que los hombres y están sintiendo los efectos en el ámbito económico y en el mercado de trabajo, también segmentado por género. Las mujeres representan una gran proporción de la economía informal en todos los países y los datos indican que los sectores de la economía más perjudicados por las medidas de aislamiento social afectan de modo importante a las mujeres. Con independencia del sector, la efectiva participación de las mujeres en el trabajo remunerado que se recupere post COVID-19 será necesario para su empoderamiento económico y para la reactivación económica de los países”.

Paralelamente el mismo documento plantea: “Por otra parte, los indicadores dan cuenta de un aumento de la violencia de género, que se recrudece por el confinamiento y por el limitado acceso de las mujeres a los servicios públicos de atención, prevención y sanción de la violencia, que no son considerados como esenciales y, aunque la mayoría de los gobiernos están adecuando las medidas al contexto de la emergencia, se requieren medidas extraordinarias para una situación que es extraordinaria”.

Pero las mujeres rurales al tener unidades productivas que trascienden una parcela, adquieren responsabilidades en diferentes ámbitos y, un tema poco estudiado y que tendrá efectos importantes sobre las mujeres rurales, es la aceleración de la economía del cuidado al avanzar el COVID-19; con la crisis se agudizan el estrés, las enfermedades crónicas (especialmente el cáncer), la desnutrición y otras carencias psicosomáticas (tendencia y propensión al alcoholismo por ejemplo), que obligarán a las mujeres a asumir una economía del cuidado, cuyos límites no se han contabilizado, ni evidenciado.

Indudablemente, el cuadro es dramático. Pero, ante esa situación, hay un menú de opciones que son claves para sobrellevar la crisis y potenciarla como oportunidad. ¿Qué puede hacer el gobierno y el llamado “sector ciudadano”?
1. Aplicar medidas de regulación financiera con acciones afirmativas para mujeres que normalmente son mejores pagadoras, como ejemplos CREDIMUJER y la atención especializada por parte de BANHPROVI primer piso, además de Ciudad Mujer. Pero la alianza entre los intermediarios financieros y BANHPROVI ha permitido a miles de mujeres acceso a vivienda digna, media, agrocrédito y crédito MIPYME, sin esa simbiosis entre lo público y lo privado los potenciales de lograr el impacto logrado no hubieran sido posibles.
2. Impulsar mecanismos coherentes de dinamización del sector productivo, basados en el potencial territorial y no paternalistas. Aquí surgen los CDE MIPYMES que también brindan atención especializada, o el proyecto Mujeres, Economía Local y Territorios, por sus siglas MELYT que se focaliza en la zona del Trifinio. Y todo lo anterior se articula con cámaras de comercio y actores del sector privado que potencian las cadenas de valor.
3. Fortalecer las inversiones en infraestructura (social, productiva, de servicios electrónicos y vial) con el fin de garantizar condiciones para promover la inversión privada, potenciar la microempresa y fortalecer el clima de producción para la economía interna. Aquí los proyectos de la cooperación que brindan asistencia técnica, los bonos productivos y otras iniciativas han logrado potenciar el rol de la mujer en el mundo rural.
4. Gestionar marcos de transferencias a aquellas mujeres cuyos hogares requieren ser atendidos de manera especial. Para ello, a partir de octubre los bonos para las familias pueden lograr avanzar, pues serán electrónicos y serán colocados mediante una red de corresponsales.

La formulación de instrumentos y políticas como los mencionados, aunados a la participación del llamado actualmente “sector ciudadano”, permiten no solamente dinamizar la economía rural con la activa participación de las mujeres rurales, habiendo trascendido de un enfoque de las mujeres como grupo vulnerable a uno que las considere autoras y actoras del desarrollo.

Tal como expresa Esmeralda Cajas:

“Sin embargo, cada vez me convenzo más que el mundo está en nuestras manos, que la tierra es un barro seco, duro y rajado, que está sediento de que manos femeninas lo humedezcan, lo suavicen y modelen”.

Lo anterior nos ayuda a entender que la creatividad en las propuestas lleva una dosis de economía, otra dosis de sentimiento y una alta dosis de verdadera voluntad política y ciudadana, para lograr la igualdad de oportunidades y de derechos para las mujeres rurales, que solamente será posible mediante el trabajo armonizado, desde lo micro hasta lo macro. Pero existe en esta crisis un convencimiento real, el rol del sector agroalimentario ha sido decisivo y, en ello las mujeres rurales participan activamente impactando, no solamente el comportamiento de algunas variables claves macroeconómicas, sino que ha trascendido hacia un enfoque de abastecimiento y consumo de lo nuestro. Y en ese “lo nuestro” están esas manos que humedecen, suavizan y moldean el desarrollo como autoras y actoras del desarrollo: LAS MUJERES RURALES.

 

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